Alerta por la formación del fenómeno El Niño en el Pacífico

  • La NOAA confirma que las condiciones de El Niño ya están establecidas en el Pacífico tropical y podrían intensificarse en los próximos meses.
  • Existe un 63% de probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría de intensidad muy fuerte, superando los 2 grados centígrados de anomalía térmica.
  • El impacto global incluye una posible reducción de huracanes en el Atlántico, pero un aumento de tormentas y temperaturas extremas en otras regiones.
  • En Europa y España, se vigila la influencia indirecta que podría traer inviernos más húmedos y un incremento general de las temperaturas.

Representación del calentamiento oceánico en el Pacífico

El aviso ya es oficial y las noticias que llegan desde los centros de monitorización internacional no son para tomárselas a broma. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ha confirmado que El Niño ya se ha instalado en el Pacífico tropical, marcando el inicio de un ciclo climático que promete dar mucho que hablar durante el resto del año y parte del siguiente.

Este fenómeno no es un recién llegado, pero la fuerza con la que se está presentando esta vez tiene a los meteorólogos con la mosca detrás de la oreja. Para que se declare su formación, las temperaturas del agua deben situarse al menos 0,5 grados por encima de la media durante varios meses seguidos, una barrera que ya se ha superado, activando todas las alarmas por lo que se nos viene encima.

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Un evento que apunta a ser históricamente fuerte

Gráfico de temperaturas marinas

Lo que más preocupa a los expertos ahora mismo no es solo la presencia del fenómeno, sino la velocidad a la que está ganando potencia. Los últimos informes indican que existe un 63% de probabilidad de que el calentamiento en la superficie del mar exceda los dos grados centígrados, lo que colocaría a este episodio en la categoría de «muy fuerte» o incluso histórico.

De hecho, algunos modelos climáticos sugieren que podríamos ver anomalías térmicas que rocen los tres grados, un escenario que no tiene muchos precedentes y que podría resultar bastante complicado de gestionar. Menudo panorama se dibuja si estas previsiones se cumplen, ya que un calentamiento de tal calibre altera por completo el funcionamiento habitual de la atmósfera a escala planetaria.

Consecuencias directas en el clima mundial

Impacto de tormentas y oleaje

El Niño tiene la capacidad de cambiar las reglas del juego meteorológico en cuestión de semanas. Por un lado, su presencia suele actuar como un escudo protector que reduce la formación de huracanes en el Atlántico, pero por otro lado, desata una actividad mucho más agresiva de ciclones en el Pacífico. Es una especie de balanza climática que pocas veces se mantiene en equilibrio.

Más allá de los vientos, el fenómeno influye directamente en la vida marina, alterando las rutas de migración de los peces y favoreciendo la proliferación de algas que pueden ser dañinas para los ecosistemas costeros. En tierra firme, esto se traduce habitualmente en periodos de sequía extrema en zonas como Australia o el sudeste asiático, mientras que en las Américas las inundaciones por oleaje y lluvias torrenciales suelen ganar protagonismo.

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¿Qué podemos esperar en España y el resto de Europa?

Mapa de previsiones meteorológicas

Aunque el epicentro de la acción se encuentre a miles de kilómetros, en el Pacífico ecuatorial, las ondas de choque terminan llegando a nuestras latitudes a través de lo que los científicos llaman teleconexiones. En España, la influencia de este fenómeno no es tan lineal, pero los registros históricos asocian estos años con inviernos algo más lluviosos en la península y temperaturas que tienden a quedarse por encima de los valores normales.

No es que vayamos a notar el cambio de la noche de la mañana, pero ojo al dato, porque la combinación de este Niño potente con la tendencia actual de calentamiento global podría empujar las temperaturas medias de Europa a nuevos máximos. Los expertos vigilan de cerca cómo se acopla la atmósfera durante el otoño, ya que ese será el momento clave para determinar si sufriremos un invierno especialmente atípico en nuestro territorio.

Vigilancia de satélites meteorológicos

El escenario que se presenta para los próximos trimestres exige una observación constante por parte de las agencias meteorológicas de todo el mundo. Con una probabilidad de persistencia que llega al 90% para finales de año, nos adentramos en una fase donde los extremos climáticos serán la tónica dominante. La evolución de las temperaturas subsuperficiales del océano sugiere que todavía queda mucha energía por salir a la superficie, lo que mantendrá al sistema climático en un estado de agitación que afectará tanto a la biodiversidad marina como a los patrones de lluvia y calor que sentiremos en nuestra vida diaria.


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