El pasado 5 de julio, el Scarlet Lady de Virgin Voyages zarpó desde Atenas con destino a Venecia en un viaje de diez noches organizado por Atlantis Events, una empresa especializada en turismo LGBTQ+. A bordo viajaban cerca de 2.000 pasajeros, muchos de ellos estadounidenses, británicos, canadienses y australianos, que esperaban disfrutar de escalas en Turquía y Egipto. Sin embargo, lo que parecía una travesía de ensueño se convirtió en un símbolo de la discriminación que sufre el colectivo en varios países.
En menos de una semana, tanto las autoridades turcas como las egipcias negaron la entrada al buque, alegando motivos morales y de valores familiares. La decisión obligó a la compañía a redirigir el barco hacia Creta y Montenegro, dejando a los pasajeros con una mezcla de decepción y rabia. El presidente de Atlantis Events, Rich Campbell, calificó la situación de «indignante» y aseguró que nunca antes en 36 años de historia se había enfrentado a un veto semejante por la identidad de los viajeros.
Un rechazo doble en menos de una semana
El primer golpe llegó el 7 de julio, cuando las autoridades de la provincia turca de Aydın impidieron que el Scarlet Lady atracara en Kuşadası. Según un comunicado oficial, el barco había sido fletado por grupos «conocidos por comportamientos que no se ajustan a la estructura de nuestra sociedad y a nuestros valores morales». La medida se extendió también a Estambul, donde la gobernatura de Beyoğlu ordenó el cierre de un local LGBTQ+ que había invitado a los pasajeros. Turquía había sido un destino recurrente para Atlantis, con trece escalas exitosas desde el año 2000 y unos 25.000 pasajeros transportados, pero esta vez la presión política y mediática se impuso.
Ante la negativa turca, la compañía reajustó el itinerario para incluir Alejandría, en Egipto, y la isla griega de Creta. Sin embargo, el jueves 9 de julio, cuando el barco ya navegaba hacia el puerto egipcio, las autoridades de El Cairo retiraron la autorización de atraque en el último minuto. Campbell informó a los pasajeros de que, a pesar de contar con la aprobación previa, se les denegó la entrada sin una explicación oficial. «El año pasado navegamos un itinerario similar sin problemas», recordó el directivo, visiblemente frustrado.
Reacciones de pasajeros y organizadores
La noticia corrió como la pólvora entre los viajeros. Greg Morley, un pasajero de 59 años que viaja con su marido, confesó a la CNN que la decepción fue enorme, pero que la comunidad a bordo ha convertido la frustración en un «recompromiso con la comunidad». «Mi mente se fue a las personas LGBTQ en Egipto y Turquía, que no tienen la oportunidad de simplemente zarpar», declaró. Por su parte, el actor Rob Houchen calificó las prohibiciones de «verdadera llamada de atención» sobre la situación global de los derechos del colectivo.
Entre los pasajeros también se encuentra la actriz y cantante de Broadway Patti LuPone, quien calificó la decisión de «escandalosa» pero confirmó que continuaría con sus actuaciones a bordo. El ambiente, según relató el pasajero Joshua New, se mantiene positivo a pesar de todo: «La gente se ríe, hay música, y decimos: vamos a sacar lo mejor de esto». New subrayó que muchos eligen estos cruceros para sentirse libres y que el rechazo duele porque «una vez más, te dicen que no está bien ser gay».
El contexto de los derechos LGBTQ+ en Turquía y Egipto
La homosexualidad no es ilegal en Turquía, pero el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha endurecido su retórica contra el colectivo en la última década. Las marchas del Orgullo en Estambul están prohibidas desde 2015, y el partido gobernante AK ha utilizado un discurso cada vez más conservador. En Egipto, las leyes de moralidad se emplean a menudo para procesar a personas LGBTQ, que sufren arrestos frecuentes, acoso y sobornos forzados, según la organización Human Dignity Trust. Ambos países han mostrado una creciente hostilidad hacia la diversidad sexual, lo que preocupa a activistas y viajeros.
Kyle Olsen, propietario de la agencia de viajes LGBTQ Hermes Holidays, señaló que estas prohibiciones reflejan una «tendencia global más amplia» vinculada al auge de gobiernos de derecha y movimientos conservadores. «Las decisiones de Turquía y Egipto no existen de forma aislada», advirtió. Meg Ten Eyck, presidenta de la Asociación Internacional de Viajes LGBTQ+, añadió que negar la entrada a un crucero en dos puertos en una semana es una de las versiones más visibles de la discriminación que los viajeros LGBTQ+ enfrentan a diario.
Impacto económico y social
Las cancelaciones de última hora no solo afectan a los pasajeros, sino también a los negocios locales. Operadores turísticos, restaurantes, taxistas y comerciantes de Kuşadası, Estambul y Alejandría perdieron ingresos y la oportunidad de un intercambio cultural que, según Ten Eyck, «cambia corazones y mentes». Atlantis Events ha asegurado que espera reanudar las escalas en Turquía en el futuro si las circunstancias lo permiten, pero de momento el barco se dirige a Creta y Montenegro para completar su ruta.
A pesar de los contratiempos, la comunidad a bordo ha demostrado una notable resiliencia. Greg Morley lo resumió así: «Redirigir este barco ha creado un sentido de comunidad aún mayor a bordo. Es hermoso vivirlo». El incidente, que ha copado titulares en medios de todo el mundo, sirve como recordatorio de que, aunque los viajes LGBTQ+ son una industria en crecimiento, la discriminación sigue siendo una realidad en muchos destinos. La travesía del Scarlet Lady continuará, pero su paso por el Mediterráneo dejará una huella imborrable en la lucha por la igualdad.
