El comercio internacional de iguanas marinas de Galápagos ha vuelto a colocarse en el punto de mira tras una sucesión de decomisos y devoluciones que mezclan contrabando, papeles dudosos y controles sanitarios. Estos reptiles solo existen de forma natural en el archipiélago ecuatoriano, pero su presencia en colecciones privadas y circuitos de fauna exótica ha ido mucho más allá de sus fronteras.
La última operación conocida se cerró con 24 ejemplares devueltos a las islas después de haber sido interceptados en el aeropuerto de Quito. La historia, sin embargo, no empieza ni termina ahí: hay envíos frustrados, animales que no sobrevivieron y una investigación científica que sospecha que el origen ilegal puede maquillarse con etiquetas de cría en cautividad.
Dos decomisos que destaparon la ruta internacional

El caso más reciente se remonta al 28 de agosto de 2026, cuando agentes del Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre, en Quito, localizaron 32 iguanas marinas repartidas en varios recipientes dentro del equipaje de una mujer de nacionalidad rusa. El destino previsto, según las pesquisas preliminares, era Islandia.
La detenida fue enviada a prisión preventiva por un presunto delito contra la flora y fauna silvestres. Aunque los animales recibieron cuidados veterinarios intensivos en la capital ecuatoriana, ocho no lograron superar el grave deterioro físico y las condiciones en las que viajaban.
Antes de ese episodio, el 19 de mayo, tres ciudadanos tailandeses fueron arrestados en el aeropuerto de Guayaquil cuando pretendían volar hacia Ámsterdam. En tres maletas de mano escondían 12 iguanas marinas entre ropa; una de ellas murió. La Fiscalía ecuatoriana abrió entonces una causa por traslado ilegal de fauna silvestre.
Cuarentena, análisis genéticos y regreso a Galápagos

Las 24 iguanas que sobrevivieron al decomiso de Quito llegaron al archipiélago en un traslado aéreo acompañado por especialistas. Al aterrizar, entraron en un recinto de aislamiento temporal preparado para evitar cualquier riesgo para el ecosistema insular.
El Ministerio de Ambiente de Ecuador explicó el 29 de septiembre de 2026 que la liberación no será inmediata ni conjunta. Cada ejemplar deberá pasar evaluaciones sanitarias, epidemiológicas y genéticas, además de confirmarse su isla de procedencia, antes de que se valore una posible reintroducción.
En ese operativo participaron veterinarios y científicos de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y la Universidad de Las Américas (UDLA), junto a la Subsecretaría de Patrimonio Natural, la Dirección Zonal 2 y la Agencia de Regulación y Control de la Bioseguridad y Cuarentena para Galápagos (ABG).
Pablo Sánchez, director del Parque Nacional Galápagos, subrayó que las decisiones de conservación deben apoyarse en evidencia técnica e información genética para proteger el patrimonio natural. No se trata solo de devolver a los animales, sino de asegurarse de que no arrastran patógenos ausentes en las islas.
Papeles de cautividad y agujeros en el comercio global
Una carta publicada en Science por investigadores de Ecuador, Canadá y Estados Unidos puso el foco en un punto menos visible: la forma en que un animal extraído ilegalmente puede reaparecer en el mercado internacional como supuestamente criado en cautividad.
Ecuador comunicó a CITES en 2025 que no había exportado ejemplares vivos de iguana marina para uso comercial o personal desde 1975. La especie, Amblyrhynchus cristatus, es endémica de Galápagos y forma parte de la fauna silvestre protegida del país.
Aun así, los registros internacionales de comercio recogidos por CITES muestran desde 2012 al menos 11 animales vivos comercializados entre distintos países y declarados como criados en cautividad. Aparecen movimientos entre Malí y Suiza, Austria y Japón, o Suiza y Uganda, entre otros, y algunos sin el registro completo de la contraparte.
Eso no prueba por sí solo que todos esos ejemplares procedieran de capturas furtivas, pero sí plantea una duda razonable: ¿de dónde salió la población reproductora que habría permitido criarlos? Para los autores del trabajo, la clave está en reforzar la trazabilidad genética, comprobar con el país de origen y auditar los permisos cuando un animal llega con papeles de cautividad.
El atractivo del mercado de mascotas exóticas alimenta además ese problema. Cuanto más rara es una especie y más difícil resulta conseguirla legalmente, mayor puede ser su valor para determinados coleccionistas. Esa lógica convierte a las iguanas marinas en un objetivo especialmente sensible.
Riesgos sanitarios y controles en frontera
Recuperar una iguana fuera de Galápagos no significa poder soltarla sin más. Después de convivir con personas, otros animales o ambientes distintos, puede haber estado expuesta a virus, bacterias o parásitos que no existen en el archipiélago.
Por eso Ecuador ha incorporado perros entrenados para detectar fauna protegida en puntos de salida, además de controles del tráfico de fauna y nuevas medidas de trazabilidad. La prioridad es cortar el paso al contrabando antes de que el animal salga del país y evitar que una futura reintroducción introduzca una amenaza nueva.
Las iguanas marinas figuran en el Libro Rojo de los Reptiles de Ecuador como fauna silvestre protegida. Galápagos, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco desde 1978, es un enclave único que también inspiró a Charles Darwin en sus estudios sobre la evolución y la selección natural.
Todo este entramado muestra que el problema no acaba en una maleta interceptada. Una iguana puede salir de unas islas donde su venta legal es imposible y, miles de kilómetros después, aparecer en otro país con un relato documental que dice que nació en cautividad. La combinación de decomisos, cuarentenas, pruebas genéticas y cooperación internacional es, por ahora, la principal barrera para que ese relato no siga colándose en el mercado.