
La decisión de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de no autorizar el proyecto turístico Perfect Day de Royal Caribbean en Mahahual, Quintana Roo, se ha convertido en uno de los episodios ambientales más comentados de los últimos meses en México. Lo que iba a ser un gran parque acuático exclusivo para cruceristas internacionales ha quedado en punto muerto tras la presión social y las advertencias técnicas sobre sus riesgos.
Para organizaciones ecologistas, colectivos locales y buena parte de la ciudadanía, el anuncio supone una victoria simbólica y práctica en la defensa de la Selva Maya, sus manglares y el sistema arrecifal mesoamericano, considerados piezas clave en la lucha contra la crisis climática y la pérdida de biodiversidad en el Caribe.
Una negativa oficial tras semanas de presión social

El punto de inflexión llegó cuando Alicia Bárcena, titular de Semarnat, informó públicamente que el proyecto Perfect Day no sería aprobado. Lo hizo durante un acto oficial sobre políticas de «basura cero», en el que dejó claro que, aunque la compañía ya estudiaba desistirse por su cuenta y un juez frenó el proyecto, la autoridad ambiental de todos modos iba a rechazar la Manifestación de Impacto Ambiental presentada.
“Me permito informarles que no se va a aprobar el proyecto de Perfect Day de Royal Caribbean”, declaró Bárcena ante asistentes y medios, en un mensaje que venía precedido de semanas de movilizaciones en redes sociales, recogida masiva de firmas y una intensa campaña de organizaciones como Greenpeace México y Sélvame Mx.
La presidenta Claudia Sheinbaum también se implicó en el asunto al instruir a Semarnat a realizar una revisión exhaustiva del expediente, con la premisa de que no se autorizara ningún desarrollo que pusiera en riesgo el arrecife de la costa sur de Quintana Roo. Dejó incluso abierta la posibilidad de que, si la empresa insistía, el proyecto se reubicara en otra zona con menos impacto.
Con el anuncio de Bárcena, la balanza se inclinó definitivamente hacia el rechazo: la dependencia se comprometió a emitir por escrito la negativa a la Manifestación de Impacto Ambiental, algo que Greenpeace México reclamó de manera explícita para dotar de certeza legal a la decisión y evitar que el plan se reactivara en los mismos términos.
Qué proponía Perfect Day México y por qué encendió las alarmas
Perfect Day México estaba concebido como un megaparque acuático y de entretenimiento para pasajeros de cruceros, con una superficie proyectada de más de 80 hectáreas en Mahahual. El plan incluía zonas de albercas, toboganes, áreas de ocio, espacios gastronómicos y todo tipo de atracciones de gran escala, diseñado para funcionar como destino exclusivo de Royal Caribbean.
Según la documentación difundida en la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), el complejo abarcaría alrededor de 825.800 metros cuadrados, incluyendo ocupación de Zona Federal Marítimo Terrestre y áreas de humedales y selva baja. La empresa aspiraba a recibir hasta 21.000 visitantes diarios y operar con unos 2.500 empleados, todos ellos orientados al turismo de crucero de alto volumen.
Este modelo no era nuevo para la naviera: la compañía ya trabaja con esquemas similares, como su Royal Beach Club en Cozumel, donde controla el acceso y ofrece paquetes de todo incluido. En Mahahual, el objetivo era replicar y ampliar ese concepto, consolidando un polo específico para cruceristas en la franja sur del Caribe mexicano.
Sin embargo, el coste ecológico estimado por científicos y organizaciones ambientalistas chocó de frente con la narrativa de «desarrollo responsable». La MIA preveía la remoción o afectación directa de unas 17 hectáreas de manglar y alteraciones a los flujos de agua subterránea, algo especialmente sensible en una región de suelo kárstico con acuíferos frágiles.
Impacto ambiental: manglares, arrecifes y acuíferos en la mira
Los principales cuestionamientos ambientales se centraron en que el proyecto podría dañar de forma irreversible ecosistemas críticos. Mahahual se encuentra junto al Sistema Arrecifal Mesoamericano, el segundo arrecife de coral más grande del planeta, que actúa como barrera natural contra tormentas y huracanes y es refugio de cientos de especies marinas.
La zona combina selva baja, manglares, dunas costeras y mar caribeño, una transición ecológica muy delicada. En estos entornos se registran tortugas marinas, delfines, rayas, tiburones nodriza y un sinfín de peces de arrecife. La reserva natural de Banco Chinchorro, cercana a Mahahual, es reconocida por la Secretaría de Marina como uno de los principales tesoros biológicos del sur de Quintana Roo, con más de 870 especies de flora y fauna registradas.
En tierra firme, la región forma parte del hábitat del jaguar, el tapir centroamericano, ocelotes, pumas y monos araña, además de numerosas aves migratorias de la península de Yucatán. Muchas de estas especies figuran en la Norma Oficial Mexicana NOM-059 con diferentes categorías de riesgo, lo que obliga a extremar las precauciones en cualquier proyecto de gran escala.
Greenpeace México señaló que la Manifestación de Impacto Ambiental del proyecto reconocía solo 39 especies de fauna, mientras que los registros científicos y regionales indican que en el área podrían encontrarse más de 300 especies. Para las organizaciones, esa brecha entre la realidad ecológica y lo declarado por la empresa era una muestra de que el estudio no reflejaba adecuadamente los impactos potenciales.
Capacidad de carga rebasada: 21.000 turistas al día en un pueblo de 2.600 habitantes
Más allá de la biodiversidad, el modelo operativo previsto encendió otra alerta: la desproporción entre el flujo de visitantes y la capacidad local. Mahahual cuenta con apenas unos 2.600 a 3.000 habitantes y arrastra carencias notables en servicios básicos como drenaje, tratamiento de aguas residuales y abastecimiento de agua potable.
La MIA del proyecto planteaba una afluencia diaria de hasta 21.000 cruceristas, una cifra que habría multiplicado por varios órdenes de magnitud la población flotante de la localidad. Organizaciones y residentes cuestionaron que el documento no acreditara que existiera infraestructura suficiente para gestionar ese volumen de turistas sin provocar colapsos ambientales y sociales.
Otro punto delicado fue la gestión de residuos. Los cálculos difundidos por Greenpeace México estimaban que la construcción generaría más de 130.000 toneladas de desechos, y una vez en funcionamiento se producirían más de 6.000 toneladas de residuos urbanos al año. Para una zona sin un sistema robusto de tratamiento, este volumen de basura se veía como un serio riesgo para mares, suelos y acuíferos.
Colectivos como Sélvame Mx y Sélvame del Tren insistieron en que el proyecto se estaba evaluando de forma parcial, ya que se había presentado una Manifestación de Impacto Ambiental terrestre, pero no su equivalente marina. Según estos grupos, resultaba inadmisible analizar “por partes” un desarrollo que afecta tanto al ecosistema costero como al marino, especialmente cuando los arrecifes no habían sido estudiados de manera integral.
La respuesta de Greenpeace México y el papel de la sociedad civil
Desde el inicio, Greenpeace México calificó la decisión de Semarnat de no aprobar Perfect Day como “la determinación correcta”. La organización subrayó que el rechazo era fruto directo de la movilización social: firmas online, campañas de sensibilización y presión mediática, en buena medida impulsadas por jóvenes de la llamada generación Z y activistas de distintos países.
Para el colectivo, el resultado supone un triunfo no solo para Mahahual y sus manglares, sino también para la Selva Maya en su conjunto y las comunidades que la habitan. Greenpeace aprovechó el contexto para reiterar su exigencia de que se impulse de forma urgente la protección integral de la península de Yucatán, incluyendo una moratoria a nuevos megaproyectos energéticos, agroindustriales o inmobiliarios que presionen aún más la región.
La organización recordó que desde noviembre del año anterior Semarnat se comprometió ante comunidades, ONG y especialistas a trabajar en un programa de restauración integral para la península, así como en la posibilidad de imponer una pausa a grandes desarrollos con alto coste ecológico. Hasta ahora, según denuncian, no se ha concretado una respuesta formal a esa petición.
Greenpeace también insistió en la necesidad de que la autoridad ambiental adopte la «decisión precautoria» de Mahahual como estándar de la política ambiental y no como una excepción motivada por la atención mediática. Para la organización, la pregunta de fondo es cuánta presión más pueden soportar los ecosistemas de la península sin comprometer su funcionamiento y el bienestar de las comunidades locales.
La postura de Royal Caribbean y el impacto económico de la decisión
La reacción de Royal Caribbean llegó a través de comunicados en los que la empresa lamentó que Semarnat rechazara su proyecto, aunque aseguró respetar la decisión de las autoridades ambientales mexicanas. La compañía definió Mahahual como un lugar que merece cuidado y protección y reiteró que, a su juicio, su propuesta respondía a criterios de inversión responsable.
La naviera se mostró dispuesta a mantener el diálogo en las próximas semanas con distintos actores, con la intención de explorar alternativas que, según su visión, permitan generar empleo, desarrollar infraestructura ambiental básica y ofrecer programas comunitarios para la población local. También dejó entrever que seguirá interesada en México como destino clave en su red de cruceros.
En el plano financiero, la noticia tuvo efectos inmediatos en los mercados. Tras las declaraciones de Semarnat, las acciones de Royal Caribbean Group llegaron a caer más de un 4% en la Bolsa de Nueva York, un retroceso interpretado como un revés para los planes de expansión de la compañía en el Caribe mexicano.
El proyecto contemplaba inversiones cercanas a los 600 millones de dólares en una primera fase y estimaciones que apuntaban a más de 1.000 millones de dólares en total. Analistas del sector turístico consideraban que operadores como Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR), responsable de aeropuertos como Cancún y Cozumel, podían haberse beneficiado de un aumento de tráfico asociado al nuevo destino, aunque estas expectativas han quedado, por ahora, en suspenso.
Turismo, arrecifes y modelo de desarrollo en el Caribe mexicano
El caso de Perfect Day México llega en un momento de tensiones crecientes en el turismo de Quintana Roo. Destinos consolidados como Cancún han registrado descensos en su ocupación, con parte del sector señalando los precios elevados en transporte, alimentación y servicios como una de las causas del desencanto de algunos visitantes.
En este contexto, el debate no se limita a un solo proyecto, sino al modelo de desarrollo que se persigue para la región. Para muchos colectivos, apostar por megaparques acuáticos para cruceristas refuerza un esquema de turismo de volumen masivo y beneficios concentrados, que rara vez se traduce en mejoras tangibles para comunidades pequeñas como Mahahual.
Ambientalistas y residentes plantean alternativas basadas en turismo de baja huella ecológica, observación responsable de fauna, buceo sostenible y alojamiento de pequeña escala, que aprovechen el valor natural de la zona sin llevarla al límite. En su opinión, el atractivo real del Caribe mexicano reside en la salud de sus ecosistemas, y no en replicar modelos de ocio intensivo frecuentes en otros destinos.
La presidencia, por su parte, ha insistido en que cualquier inversión debe supeditarse a la conservación de los arrecifes y manglares. Sheinbaum ha repetido que no se permitirá un proyecto que «dañe el arrecife», y que en caso de considerarse viable alguna versión futura, tendría que pasar por condicionantes estrictas marcadas por Semarnat y por un análisis integral de los impactos tanto en tierra como en mar.
Un precedente clave para la Selva Maya y futuros megaproyectos
El rechazo a Perfect Day ha sido interpretado por organizaciones como un precedente importante en la defensa de la Selva Maya y del Sistema Arrecifal Mesoamericano frente a nuevos megaproyectos turísticos, energéticos o agroindustriales. La península de Yucatán se encuentra sometida a presiones crecientes: granjas industriales, infraestructuras de transporte, complejos inmobiliarios y desarrollos hoteleros de gran escala.
Greenpeace México y otros colectivos sostienen que la prioridad ya no puede ser simplemente reubicar proyectos conflictivos de un punto a otro de la región, sino establecer límites claros sobre dónde y cómo se puede construir, así como destinar recursos a la restauración de áreas degradadas y a la protección de acuíferos y corredores biológicos.
Para ellos, la misión histórica del gobierno mexicano en esta década pasa por blindar de forma integral la península de Yucatán para garantizar su existencia a largo plazo, en un contexto de crisis climática y pérdida de biodiversidad. En esa lógica, decisiones como la de Mahahual se ven como pasos necesarios para replantear la política ambiental y turística del país.
Al mismo tiempo, la ciudadanía organizada ha comprobado que su capacidad de incidencia no es menor. La reacción masiva en redes, las campañas de firmas y las marchas convocadas en la Ciudad de México para exigir el rechazo al proyecto demostraron que la presión social puede condicionar la agenda de las autoridades, incluso frente a inversiones millonarias respaldadas por grandes corporaciones internacionales.
El episodio de Mahahual deja sobre la mesa un mensaje nítido: el equilibrio entre desarrollo económico y conservación ambiental ya no puede darse por sentado ni resolverse en despachos cerrados. La combinación de organización ciudadana, criterios científicos y voluntad política ha conseguido, en esta ocasión, que uno de los ecosistemas más valiosos del Caribe mexicano siga respirando sin la amenaza inmediata de un megaproyecto sobre sus manglares y arrecifes, y ha marcado un listón que será difícil pasar por alto en los próximos debates sobre turismo y medio ambiente tanto en México como en el resto de la región.