Fram: el barco polar que llevó la exploración más allá del hielo

  • Diseñado por Colin Archer con casco redondeado, timón y hélice retráctiles e intenso aislamiento para resistir la presión del hielo.
  • Laboratorio flotante: confirmó la deriva transpolar, midió grandes profundidades y estandarizó técnicas e innovaciones polares.
  • Protagonista con Nansen, Sverdrup y Amundsen: del Ártico cartografiado al primer acceso al Polo Sur con apoyo de motor diésel.
  • Hoy se visita en el Museo del Fram (Oslo), junto al Gjøa, como icono de ingeniería, ciencia y patrimonio polar.

Fram_-_Amundsens_ship_1910-1911

Hoy toca hablar de un barco mítico, uno de esos que hicieron historia, y es que estoy segura de que los amantes de los cruceros, de las auténticas travesías de aventuras lo agradecerán. Como te decía hoy te contaré la historia del buque Fram, un barco usado en las exploraciones a las regiones árticas y antárticas por los exploradores Fridtjof Nansen, Otto Sverdrup, Oscar Wisting y Roald Amundsen entre finales del siglo XIX y los primeros compases del XX.

Fram en noruego significa “adelante”, y este era, casi seguro, el barco de madera más resistente que jamás se ha construido.

El Fram se diseñó para la expedición de Nansen al Ártico de finales del siglo XIX, en la cual el barco debía quedar atrapado en la placa de hielo ártica y flotar con ella hasta el Polo Norte. Por este motivo se construyó con muy poco calado, casco redondeado y con una capa exterior de madera de greenheart, extremadamente dura frente al hielo.

El timón y la hélice podían ser retraídos dentro del barco, además, y como parece obvio, se le puso un buen aislamiento que permitiese la vida de la tripulación a bordo durante cinco años. También se le incorporó un molino de viento con dinamo que suministraba energía eléctrica a las lámparas.

También fue usado en la expedición de Roald Amundsen al Polo Sur en los albores del siglo XX, que fue la primera en alcanzar dicho polo.

El Fram ha pasado a la historia por haber sido el barco de madera que ha viajado más al Norte y más al Sur; en este momento se conserva en el Museo del Fram, en Oslo, capital de Noruega.

Diseño polar: cómo y por qué resistía donde otros naufragaban

Concebido por el constructor noruego Colin Archer en los astilleros de Larvik, el Fram es una goleta de tres palos con propulsión mixta (vela y máquina). Su casco, de sección redondeada y prácticamente sin quilla, estaba formado por múltiples capas de madera con cámaras aislantes, de modo que, cuando el hielo presionaba, el barco ascendía y se posaba sobre la banquisa en lugar de ser aplastado. Ese diseño se completaba con calado reducido para navegar por aguas someras, y con protecciones para hélice y timón retráctiles.

En cifras, se movía en torno a 39 m de eslora, 5,2 m de manga y 4,7 m de calado, con un desplazamiento aproximado de 800 toneladas. Su planta motriz original era una máquina de vapor de triple expansión de unos 220 hp, suficiente para un buque pensado para la deriva polar, con una velocidad de servicio cercana a 7 nudos y una dotación habitual de 16 marineros. En etapas posteriores se sustituyó el motor por un diésel más eficiente para nuevas misiones.

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De la teoría a la gesta: Nansen, la deriva y ciencia en el hielo

Nansen se inspiró en restos del Jeannette y otros objetos arrastrados desde Siberia hasta Groenlandia para demostrar la existencia de una corriente transpolar de este a oeste. Su plan era audaz: dejar que el Fram quedara atrapado en la banquisa y viajar con ella. Durante esa gran deriva, el buque sirvió como laboratorio flotante: se midió la profundidad real del Océano Ártico (de varios miles de metros), se estudió el hielo marino y sus procesos de formación y se observaron vientos, mareas y temperaturas.

Cuando la deriva no bastó para alcanzar el objetivo, Nansen y Hjalmar Johansen partieron con esquís, trineos y kayaks, acompañados por perros, alcanzando la latitud más septentrional registrada hasta entonces y sobreviviendo gracias a caza y refugios improvisados. El Fram, mientras, continuó su ruta a la deriva y regresó con toda la tripulación en perfectas condiciones, demostrando que el concepto funcionaba.

La vida a bordo era una mezcla de disciplina y resiliencia: interiores a más de 20 ºC pese a los -40 ºC exteriores; biblioteca con centenares de libros y un periódico de a bordo; raciones enlatadas variadas y una rutina de observaciones científicas con instrumentos de última generación. Muchas innovaciones —fijaciones de esquí, hornillos que derretían nieve mientras cocinaban, gafas tintadas y vestimenta en capas de lana— consolidaron un método polar que aprendería de pueblos árticos como los inuit.

Sverdrup y Amundsen: cartografía, motor diésel y el salto al Sur

Bajo el mando de Otto Sverdrup, el Fram amplió su papel científico en el archipiélago ártico canadiense. Para esa campaña se aumentó el francobordo y se refinaron equipos, con resultados notables en cartografía y recolección de muestras de geología, flora y fauna. A comienzos del siglo XX, Roald Amundsen empleó el Fram para su operación antártica: con logística de perros, campamentos y navegación prudente, lideró la primera llegada al Polo Sur, apoyándose en un Fram modernizado y fiable.

Con estas campañas, el Fram consolidó su leyenda como el madero que llegó más al Norte y más al Sur de cuantos se han construido. Su éxito combinó ingeniería naval, liderazgo, ciencia y la humildad de aprender del medio.

Del muelle al museo: conservación y visita imprescindible en Oslo

Tras años de servicio, el buque quedó almacenado y deteriorándose hasta que la iniciativa de Lars Christensen, Otto Sverdrup y Oscar Wisting impulsó su restauración integral y su traslado al actual Museo del Fram, en la península de Bygdøy (Oslo). Allí puede recorrerse su cubierta, camarotes y sala de máquinas, y entender por qué su casco redondeado, su aislamiento y su planta propulsora lo convirtieron en el arquetipo del navío polar.

El museo también exhibe el Gjøa, con el que Amundsen completó el Paso del Noroeste, y ofrece proyecciones y recreaciones que ayudan a visualizar tormentas, hielos y rutas. Para quienes aman la exploración, es una cita obligada que conecta la aventura con la ciencia y la conservación del patrimonio marítimo.

El legado del Fram trasciende sus travesías: sintetiza la mejor tradición nórdica de ingeniería, disciplina y curiosidad, y demuestra que, con diseño adecuado y respeto por el entorno, incluso el hielo más hostil puede convertirse en ruta de conocimiento.

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