Hablando de barcos curiosos y de cruceros exclusivos, la historia del «Sea Cloud», un barco de lujo que participó en la II Guerra Mundial y que fue vendido a la marina de los Estados Unidos por el precio simbólico de un dólar, es una de las más fascinantes que se pueden escuchar en el mundo náutico. Mucho antes de convertirse en buque militar, este velero ya había acumulado un pasado digno de novela, marcado por «magnates millonarios, diplomacia, dictadores y glamour hollywoodiense».
«Marjorie Merriweather Post», heredera del imperio alimentario vinculado a «General Foods» y una de las mujeres más ricas de su tiempo, fue quien encargó el proyecto. Junto a su entonces marido, el corredor de bolsa neoyorquino «Edward Francis Hutton», decidió materializar un capricho sin precedentes: un enorme yate a motor y vela, concebido como un auténtico «palacio flotante». Para los amantes de la náutica, este buque representa la cima de la opulencia de la era prebélica.
Para su construcción se recurrió a prestigiosos ingenieros navales como «Gibbs & Cox», con la colaboración de «Phil Rhodes», y a los astilleros alemanes «Fried. Krupp» en Kiel. El barco nació originalmente con el nombre de «Hussar» (citado en diversas fuentes como Hussar V o Hussar II), siguiendo la tradición de la familia Hutton, que ya había navegado en cuatro embarcaciones anteriores denominadas Húsar. Fue diseñado como un yate de representación y de largas travesías mundiales, capaz de navegar tanto a vela como con un avanzado sistema diésel-eléctrico.
«El interior era un derroche de lujo» absoluto. Las instalaciones incluían «mármol de Carrara» en chimeneas y baños, sedas provenientes de la India, porcelana de Sévres, grifos bañados en oro, huevos Fabergé y una biblioteca revestida en maderas nobles. Para dimensionar el nivel de opulencia, cada camarote de invitados era una suite con baño propio y decoración que recordaba a un Versalles en miniatura, posicionando al buque como el «referente absoluto del lujo náutico» de su época.

Características del velero Sea Cloud, el yate más lujoso de su tiempo
Botado originalmente en la primera mitad de la década de los treinta, el velero Sea Cloud posee una «eslora de 109,5 metros», un despliegue de «30 velas» distribuidas en cuatro mástiles y un palo mayor que alcanza los 54 metros. Su tripulación original estaba compuesta por «72 personas». Con un desplazamiento superior a las 2.400 toneladas, se consagró como el «yate de vela privado más grande y lujoso del mundo».
El buque incorporó innovaciones tecnológicas disruptivas para su era. Contaba con un «telégrafo transcontinental» instalado por Western Union y una «línea telefónica privada» que permitía a Marjorie mantener contacto directo con sus oficinas en Nueva York, San Francisco y Oakland. Asimismo, disponía de una avanzada «cámara de congelación y refrigeración», vinculada a la «Birdseye Division» de General Foods, lo que permitía al barco navegar hasta 10.000 millas sin necesidad de reaprovisionarse.
En cuanto a la propulsión, el Sea Cloud fue pionero al implementar un «sistema diésel-eléctrico» formado por motores que alimentaban generadores eléctricos para accionar las hélices, alcanzando velocidades cercanas a los «14 nudos» bajo motor. Bajo vela, sus 3.000 m² de superficie vélica garantizaban una navegación elegante y eficiente. Este sistema propulsor consistía específicamente en cuatro motores Krupp con una potencia de 3.200 caballos, acoplados a dos generadores AEG de 1.350 kilovatios.
Además, el diseño incluía un «pequeño hospital a bordo» y áreas de servicio optimizadas para la tripulación, convirtiéndolo en un «buque oceánico de gran autonomía» y no solo en un objeto de ostentación. Sus dimensiones detalladas incluían una manga de 14,94 metros, un puntal de 8,53 metros y un calado máximo de 5,13 metros.
De crucero privado a embajada flotante en Leningrado
Durante sus primeros años, el yate realizó travesías espectaculares por las «Islas Galápagos, Hawái, Tahití y Alaska». A bordo se reunían figuras de la más alta alcurnia: «reyes, aristócratas, jefes de estado» y estrellas de cine. Tras el divorcio de Hutton y Post, Marjorie conservó el buque y lo rebautizó como «Sea Cloud», cambiando además el color negro de su pintura original por un blanco impoluto.
Posteriormente, Marjorie contrajo matrimonio con el diplomático «Joseph E. Davies». Cuando Davies fue nombrado embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética, el velero se trasladó a la URSS, convirtiéndose en una «embajada flotante» atracada en Leningrado. El casco fue pintado de blanco y el interior se enriqueció con más antigüedades y piezas de colección.
El barco se transformó en un centro de convenciones y fiestas para la élite, llamando la atención de «Joseph Stalin». El líder soviético llegó a «prohibir a los ciudadanos» que se acercaran o subieran a bordo, temiendo que el estilo de vida capitalista y la opulencia del Sea Cloud pudieran influir negativamente en la población, calificándolo como un «decadente producto del capitalismo». El buque funcionó como plataforma diplomática en el Mar Negro, el Mediterráneo y el Mar del Norte antes de que las tensiones europeas obligaran a su traslado, realizando incluso un viaje final desde Odessa hasta Estambul.
La transformación militar del Sea Cloud en la II Guerra Mundial
Con el estallido del conflicto y el ataque a Pearl Harbor, Marjorie Merriweather Post realizó un «acto patriótico»: cedió el velero a la «US Coast Guard» por el precio simbólico de un dólar anual. El buque fue rebautizado como «USCGC Sea Cloud (IX-99)».
La transformación fue drástica: «se eliminaron los mástiles», se pintó el casco de gris naval y se despojaron los interiores de lujo. En su lugar, se instalaron «radares, equipos de observación meteorológica», rampas para cargas de profundidad «Mark IX» y un mortero múltiple antisubmarino «Erizo Mark X», además de artillería ligera como cañones Oerlikon de 20 mm, ametralladoras Browning M-2 de 12,70 mm y dos montajes artilleros MK-2 de 76 mm.
Su misión principal fue servir como «estación meteorológica flotante» y buque de patrulla en el Atlántico occidental, protegiendo el tráfico marítimo de cabotaje frente a los «U-Boote alemanes». De hecho, el buque intervino en el hundimiento de un submarino alemán, mérito por el cual fue recompensado. A pesar de que su diseño original no era el de un barco de guerra, su servicio fue reconocido con placas conmemorativas de latón en el puente.
En la etapa posterior, el buque fue devuelto a su propietaria. La restauración para recuperar sus cuatro mástiles y su silueta de bricbarca fue un proceso arduo que duró casi cuatro años, con una inversión aproximada de 175.000 dólares de la época.
Del glamour recuperado al yate del dictador Trujillo
Debido a los elevados costes de mantenimiento y cambios en su vida personal, Marjorie vendió el yate al dictador de la República Dominicana, «Rafael Leónidas Trujillo», por medio millón de dólares. El mandatario lo rebautizó como «Angelita», en honor a una de sus hijas, y lo integró en la Marina de Guerra dominicana como «yate presidencial». Para esta etapa, el buque fue reformado en los astilleros de Alabama, donde se le instalaron cuatro nuevos motores diésel Enterprise con una potencia de 6.000 caballos.
Sin embargo, el barco pasó a ser la residencia y juguete de su hijo, «Ramfis Trujillo», un conocido playboy que lo amarraba en Santa Mónica, California. En el «Angelita» se organizaron fiestas legendarias con estrellas de Hollywood como «Zsa Zsa Gabor, Kim Novak y Joan Collins», consolidando la fama del buque como escenario de excesos. Este derroche llegó a ser tan escandaloso que un miembro de la Cámara de Representantes de EE. UU. sugirió irónicamente que la ayuda económica enviada a República Dominicana se entregara directamente a Ramfis para mantener sus lujos.
La historia tomó un giro oscuro tras el asesinato de Trujillo. La familia intentó huir hacia Europa a bordo del velero, transportando bienes de valor, dinero del Banco de Santo Domingo y el propio «féretro embalsamado del dictador». Se rumoreaba que el barco ocultaba «95 millones de dólares en lingotes de oro», aunque nunca fueron hallados. El buque fue interceptado por una corbeta portuguesa cerca de las Azores y obligado a regresar a la isla, donde fue rebautizado como «Patria» y utilizado brevemente como buque escuela.
El periodo de decadencia y el rescate alemán
El barco fue posteriormente adquirido por el empresario «John Blue» por 725.000 dólares y más tarde por «Cliff Barbour», quien lo renombró como «Antarna» para operar la «Oceanic School», un programa educativo donde los estudiantes complementaban sus estudios académicos con la navegación a vela. No obstante, este periodo estuvo marcado por problemas legales, acusaciones de «tráfico de drogas y piratería».
Debido a disputas económicas y persecuciones judiciales, la directora de la escuela, Stephanie Gallagher, y su marido huyeron hacia Vera Cruz y Panamá. El yate terminó «inmovilizado durante ocho años» en el puerto de Colón, Panamá, donde sufrió un grave deterioro debido a la humedad y la exposición solar, quedando prácticamente semiabandonado.
En una situación deplorable, el capitán alemán «Hartmut Paschburg» y un grupo de inversores compraron la nave por 800.000 dólares. Tras una dura travesía de tres meses con 40 marineros, el barco llegó a los astilleros de Hamburgo para una «restauración integral». El buque recuperó su nombre original, «Sea Cloud», y volvió a los mares con su esplendor clásico.
En la década de los noventa, fue adquirido por el empresario «Herman Eble», presidente de «Hansa Treuhand Group». Eble, dueño de una flota de contenedores y petroleros, veía en el Sea Cloud una fuente de «prestigio e imagen de marca». La compañía «Sea Cloud Cruises» comenzó a operar el buque con rutas exclusivas por el Mediterráneo y el Caribe, ofreciendo un servicio extremadamente personalizado para un máximo de 64 pasajeros en 32 camarotes y suites, algunos de los cuales aún conservan los mármoles y muebles originales de la era de Marjorie.
La expansión de la flota: Sea Cloud II y Sea Cloud Spirit
Dada la rentabilidad y el éxito del modelo, la naviera decidió ampliar su flota. Así nació el «Sea Cloud II», construido en los astilleros «Gondán» en Asturias, España. Esta versión modernizada es una bricbarca de tres mástiles con una eslora de 117 metros y capacidad para 96 pasajeros. A diferencia del original, el Sea Cloud II cuenta con un diseño contemporáneo pero mantiene la esencia clásica, con una superficie vélica de 3.000 m² y un interior refinado diseñado por la empresa española Induyco.
El «Sea Cloud II» ofrece una experiencia de lujo con cinco cubiertas. La segunda (Cabin Deck) alberga los camarotes de categorías inferiores, la enfermería y un gimnasio. La tercera (Promenade Deck) cuenta con suites más amplias, mientras que la cuarta (Lido Deck) es el corazón social del barco, con el Lido Bar, el salón principal y la cubierta de sol en teca. En la proa se encuentra la biblioteca y las Owners’ Suites, mientras que la cubierta superior alberga el puente de mando, accesible para los pasajeros bajo una política de «puente abierto».
Más recientemente, se incorporó el «Sea Cloud Spirit». Su construcción fue un proceso complejo que comenzó en la Factoría Naval de Marín y terminó en los astilleros «MetalShips & Docks» en Vigo. Con un diseño a cargo del arquitecto «Iñigo Echenique», el Spirit es el más grande del trío, con capacidad para 136 huéspedes y 85 tripulantes. Cuenta con tres mástiles, 28 velas y una superficie vélica de 4.100 m², con el mástil principal elevándose 57,90 metros sobre la línea de flotación.
El «Sea Cloud Spirit» es el más contemporáneo, con 69 suites (algunas con balcón), un spa con sauna, baño de vapor y gimnasio. Su propulsión es diésel-eléctrica mediante dos motores Siemens de 1.700 kW cada uno. A pesar de su modernidad, mantiene el espíritu romántico de la vela, permitiendo que los pasajeros observen cómo la tripulación iza manualmente el velamen.
A diferencia de los barcos convencionales, la experiencia en estos veleros se centra en la «navegación auténtica». Los pasajeros pueden presenciar cómo la tripulación iza manualmente las velas, un espectáculo de destreza marinera. Aunque disponen de propulsión diésel-eléctrica, se prioriza el viento para ofrecer esa sensación de libertad y silencio que solo la vela proporciona. Los itinerarios suelen incluir escalas culturales profundas, con charlas impartidas por expertos sobre historia y gastronomía local.
El Sea Cloud original sigue navegando gracias a modernizaciones constantes, permitiendo que los viajeros experimenten cenas al estilo del Titanic y se rodeen de maderas y mármoles históricos. Esta flota representa un equilibrio entre la «historia naval» y el lujo contemporáneo, atrayendo a clientes que huyen de las multitudes de los megacruceros y buscan una conexión real con el océano.
El legado del Sea Cloud es la historia de una supervivencia extraordinaria. De ser un capricho de la mujer más rica de Estados Unidos a servir como herramienta de guerra, refugio de un dictador y, finalmente, un hotel flotante de cinco estrellas. Su capacidad para adaptarse a los tiempos sin perder su elegancia lo convierte en una «leyenda viva de los mares», un testimonio flotante de los cambios políticos y sociales del siglo XX que continúa cautivando a quienes buscan la exclusividad absoluta en alta mar.